Marceline Leigh: un fin de semana en casa de la tía
Duración: 51:01
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Descripción:
Después de años sin ver a tu tía, las dos acordáis que pasarás todo el fin de semana en su casa. Llegas un viernes por la noche lluvioso. Tu tía te recibe con entusiasmo, dándote varios abrazos y halagando tu físico musculoso, claramente emocionada de verte.
Tras los abrazos y los saludos, os sentáis en el sofá y tu tía te pide que le cuentes qué ha sido de tu vida. No tarda mucho en que la conversación derive hacia tu vida amorosa. Tu tía coquetea descaradamente contigo, lo que te pone tan nervioso como te excita. Ver lo nervioso que te pones excita a tu tía. Sin embargo, jura que su coqueteo no es más que una diversión inofensiva, aunque quizá un poco inapropiada.
Pero entonces, dejas de fingir y le haces saber que realmente estás enamorado de ella. Ella cree que estás fingiendo, pero cuando os besáis, sabe que es de verdad. Sus manos se deslizan por tu cuerpo, deteniéndose en tu polla ya erecta. Te está frotando, acariciando, poniéndote aún más duro. Esto no está tan mal, ¿verdad? Mientras no lleguéis hasta el final, está perfectamente bien que una tía y un sobrino tonteen un poco. Y si lo de las manos está bien, lo de la boca también lo está. Porque tu tía realmente quiere tu enorme polla en su boca.
Así que te levantas y le das lo que ambos queréis. Sentir sus labios envueltos alrededor de tu polla palpitante es mejor de lo que jamás podrías haber imaginado. Ella mueve la cabeza arriba y abajo sobre ella, deteniéndose solo para decirte obscenidades, para pasar la lengua por toda la glande palpitante y también para recordarte que nadie puede enterarse nunca de esto.
Al final te corres dentro de su cálida boca y ella se traga con avidez todo tu semen. Después, te recuerda que, aunque no desea nada más que sentarse sobre tu polla y tenerla bien dentro de ella, eso no puede suceder. Así que se va a la cama...
Más tarde, esa misma noche, te despierta tu tía encima de ti. No ha podido dejar de pensar en ti y, por mucho que lo intentara, nada podía calmar sus impulsos sexuales. Lo único que quiere es que te la folles. Tú también lo quieres. Quieres sentir el coño de tu tía envuelto alrededor de tu polla, que se puso dura como una roca en el momento en que viste su cuerpo desnudo encima de ti.
Y así, tú y tu tía tenéis sexo. Ella se mueve arriba y abajo sobre ti en la habitación apenas iluminada. Es el mejor sexo que cualquiera de los dos ha tenido jamás. Y cuando llega el momento de que te corras, ella te dice que quiere que te corras bien dentro de ella, llenándole el coño con tu semen. Cuando termina, ella vuelve a su habitación, dejándote absolutamente asombrado por lo que acaba de pasar.
A la mañana siguiente, las cosas son diferentes. Tu tía te dice que, aunque la noche anterior fue increíble, los dos cruzasteis una línea que no debería haberse cruzado. Tenéis que mantener una relación adecuada entre tía y sobrino. Estás decepcionado, pero, a regañadientes, estás de acuerdo con ella. Dejando eso a un lado, los dos os preparáis para salir a pasar el día.
Cuando regresas a casa de tu tía esa tarde, ella te cuenta lo maravilloso que ha sido el día antes de marcharse a darse una ducha. Esperas unos segundos antes de correr tras ella y alcanzarla en las escaleras. Ya no puedes ocultar tus sentimientos. Le dices que no has dejado de pensar en lo que pasó anoche, que la deseas, que quieres volver a follarla, y que no te importan las consecuencias. ¡Ella siente lo mismo! Te lleva a su dormitorio y allí, los dos volvéis a tener sexo.
Y es tan increíble como la noche anterior. La penetras con fuerza mientras ella yace en la cama debajo de ti, con las piernas bien abiertas para ti. Ambos gemís y jadeáis de placer. Y una vez más, cuando ella nota que estás a punto de correrte, quiere que te corras dentro de ella justo en el mismo momento en que ella se corre con fuerza sobre tu polla.
A la mañana siguiente, tras una noche llena de sexo apasionado, tienes, sorprendentemente, una erección matutina enorme. Tu tía te hace una mamada. Te chupa la polla, subiendo y bajando sobre ella, mientras tú te recuestas, disfrutando del placer y de las vistas. Y al igual que aquella primera noche cuando llegaste, ella quiere que te corras en su garganta y le llenes el estómago con un poco de proteína matutina.
¿Es este el comienzo de una relación tabú duradera? ¿O se trata de una aventura de una sola noche? Solo el tiempo lo dirá.